Desde que era pequeño

10 de julio, 2018 - Mis historias - Comentar -

Me encantaba ver trabajar a mi padre en sus maquetas. Desde que puedo recordar lo veo sentado a una pequeña mesa de cocina con sus seguetas, limas y torno casero creando auténticas maravillas con aquellas manos prodigiosas que hubiese querido heredar.

Pacientemente, durante años, iba labrando garruchas y bigotas, enjaretados, mascarones y espejos, botes, regalas y balaustradas, obenques... Y yo, mientras tanto, soñando con hacerme diminuto, surcar los mares en aquellos barcos y enfrentarme en las épicas batallas que me narraba con tanta pasión.

El Victory y el San Felipe han sido mudos testigos de casi todos los acontecimientos de mi vida. Mi egoismo al querer conservarlos conmigo hizo que incumpliese uno de los deseos de mi padre y me obliga a verlos deteriorarse víctimas de la impasible magnitud tiempo que, año tras año, va haciéndoles mella.

Pronto esperan partir de casa a un lugar mejor, en el que todos los que amen los barcos y la historia de la navegación podrán disfrutar de ellos.

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Cuando las ruedas dejaron de tocar el suelo

06 de julio, 2018 - Mis historias - Comentar -

Soñé que despertaba el sol un límpido día de verano mientras una fresca brisa hacía moverse con pereza la manga del viento en el aeródromo. El viejo biplano rojo me aguardaba en la cabecera, brillaba su fuselaje con los primeros rayos de sol. Y me llamaba, parecía decirme "Sube y volemos", pero mis pies intentaban arrancar del suelo unas botas enraizadas en una tierra plagada de malas hierbas que abortaban cualquier amago de dar un paso adelante. Así que me descalcé y aún trataron de aferrarse a mis pies arañando con sus espinas la piel a cada paso para detenerme, sin conseguirlo.

De repente me vi en el interior de la cabina. Era la más austera de las que podía haber visto, con a penas cuatro relojes y desprovista de cualquier adorno. Me acomodé en el asiento y comprobé los controles; todo funcionaba suavemente. "Ha llegado el momento" - pensé.

El motor radial hacía trepidar toda la estructura, el miedo y la euforia combinaban un cóctel de emociones. Eché un vistazo atrás justo a tiempo para ver como mis botas desaparecían en la maleza. "Adelante" - me dije y empujé el mando de gases. El motor rugió al iniciar la rodadura por la pista, las palas empujaban fuertemente el aire. Un instante después el patín de cola se levantó, el fuselaje se había alineado horizontalmente con la pista y un suave tirón de la palanca nos despegó del suelo.

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