Una realidad incómoda

05 de mayo, 2019 - General - Comentar -

Agustín pasa ya de los cincuenta y lleva desde los catorce años arreglando las artes de pesca, perteneciendo a ese grupo de personas que cada vez son más escasas y que, con su esfuerzo diario, hace que una de las fuentes de nuestro sector primario continúe dando sus frutos.

Sus manos trabajan veloces arreglando los desperfectos en la malla sin necesidad de vigilarlas con sus ojos que fija en mí al tiempo que me dice “Aquí somos todos de mi quinta, cuando nosotros no estemos: quién se va a encargar de esto”.

La pregunta es retórica, quién iba a querer trabajar a la intemperie, así haga calor o frío, cuando tu sueldo depende de lo que salga de la mar, sin pagas extras ni vacaciones, cuando tu trabajo tiene más sacrificios que satisfacciones... Quién va a querer un trabajo así.

Maneja como un cirujano su bisturí un cuchillo bien afilado con el que va cortando los trozos inservibles de la red: “La gente se queja cuando les recortan el sueldo”- continúa - “se dan de baja por lo más mínimo… A más de uno lo pondría yo aquí a aguantar los cincuenta grados en verano”.

Se pregunta cómo es posible que gente que no sabe hacer la O con un canuto esté cobrando un sueldazo (a veces más de uno) y otros tengan dificultades para alcanzar todos los finales de mes del año, cuando de su trabajo depende también el sueldo del primero...

Agustín fue un placer conocerte, gracias por estar ahí haciendo lo que yo no podría hacer.

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